Ella estaba allí, quieta, sin saber qué decir. Tenía miedo de que las palabras inoportunas lo estropearan, pero ¿qué pensaba? Si ya no podía ser peor. Las noches sin dormir, los días alejada del mundo. Había imaginado esto millones de veces, pero ahora era de verdad. Ya no podía escapar, no podía retroceder el tiempo. Allí. Esperando una palabra, una señal… cualquier cosa menos silencio. Sabía que era lo que tenía que hacer, por más dolor que pudiera causarle. Hacía meses que era diferente, ya no eran los mismos. Y él también se daba cuenta, pero ella sabía que él nunca se atrevería a hacerlo, quizá la quería demasiado. Ella, que desde el principio pensó que sería para siempre.
El frío helaba sus lágrimas. El nudo en la garganta le impedía hablar. Casi no podía respirar. Sólo pretendía que él lo entendiera, que lo aceptara sin más, que no exigiera explicaciones… porque no las había. Ella prefería echarle la culpa al destino, siempre creyó en esas cosas, y a él le gustaba.
Pero se acabó, no podía soportarlo más. Se fue, tranquila. Y lo dejó allí, solo, deshecho… con la última lágrima, con la garganta irritada y la mirada perdida.
Mi aire se acaba como agua en el desierto,
mi vida se acorta pues no te llevo dentro.
Mi esperanza de vivir eres tú, y no estoy allí.
(Mario Benedetti)
Neniiii
ResponderEliminarHe vuelto
xoxo
B
me gustan tus textos, son muy emotivos :)
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