miércoles, 31 de diciembre de 2008

Inevitable.


Ella estaba allí, quieta, sin saber qué decir. Tenía miedo de que las palabras inoportunas lo estropearan, pero ¿qué pensaba? Si ya no podía ser peor. Las noches sin dormir, los días alejada del mundo. Había imaginado esto millones de veces, pero ahora era de verdad. Ya no podía escapar, no podía retroceder el tiempo. Allí. Esperando una palabra, una señal… cualquier cosa menos silencio. Sabía que era lo que tenía que hacer, por más dolor que pudiera causarle. Hacía meses que era diferente, ya no eran los mismos. Y él también se daba cuenta, pero ella sabía que él nunca se atrevería a hacerlo, quizá la quería demasiado. Ella, que desde el principio pensó que sería para siempre.


El frío helaba sus lágrimas. El nudo en la garganta le impedía hablar. Casi no podía respirar. Sólo pretendía que él lo entendiera, que lo aceptara sin más, que no exigiera explicaciones… porque no las había. Ella prefería echarle la culpa al destino, siempre creyó en esas cosas, y a él le gustaba.


Pero se acabó, no podía soportarlo más. Se fue, tranquila. Y lo dejó allí, solo, deshecho… con la última lágrima, con la garganta irritada y la mirada perdida.





Mi aire se acaba como agua en el desierto,
mi vida se acorta pues no te llevo dentro.
Mi esperanza de vivir eres tú, y no estoy allí.


(Mario Benedetti)

sábado, 20 de diciembre de 2008

Quiero.


Quiero pasear por la orilla del abismo. Quiero jugar con fuego y quemarme. Quemar historias de amor y desengaños. Desengañar ilusiones atrapadas en el aire. Respirar, respirarte. Crear sonrisas de papel. Dibujar tus sueños en mi piel. Tocarte. Tocar el cielo con sólo mirarte. Mirarte a los ojos y ver mi nombre reflejado en ti. Escucharte. Sacarte las palabras que quiera oír, y decirte todo lo que guardo. Contarte historias de princesas, con final feliz. Y hablar hasta que amanezca, hasta que la Luna se canse de oírnos. Huir, de aquí, de allí. Escapar del murmullo, de la apariencia, de la multitud. Huir del aire. Pensar. Pensar que, por un instante, tú eres yo, y yo soy tú. Volar. Confundirnos la piel. Soñar. Recorrer utopías, navegando entre silencios. Y querernos, sí, querernos, más que nada y más que nadie.





Un día nos veremos
al otro lado de la sombra del sueño.
Vendrán a ti mis ojos y mis manos
y estarás y estaremos
como si siempre hubiéramos estado
al otro lado de la sombra del sueño.


(Canción para franquear la sombra, J.A. Valente)

jueves, 18 de diciembre de 2008

Me excedo.

Esto pasará. Como pasarán los recuerdos, tus caricias, tus besos. El miedo a perderte, a olvidarte, a que me olvides. Como pasará cada noche, descifrando gestos y miradas. Tu voz, las palabras, los silencios. Como pasarán las ganas de tenerte, de encontrar tus manos en mis manos. Y despertar cada madrugada con otro intento que fue rechazado en mis sueños. Pero esto pasará. Como pasará cada día, cada lugar donde estuvimos. Tu música y mi letra, mis palabras y tus silencios. Como pasará este hábito constante de extrañarte, esta distancia entre tus labios y mis labios. Esta historia, tu historia, mi historia. Pero qué más da, si yo lo sé, esto pasará.





las palabras son basura

armas gastadas por el uso inofensivas


como una navaja de papel de aluminio


(La Navaja, poema de Las Afueras, P. García Casado)